La tuberculosis
bovina (TB) es una enfermedad crónica de los animales provocada por una bacteria
llamada Mycobacterium bovis (M. bovis), que guarda estrecha relación con las bacterias
causantes de las tuberculosis humana y aviar. Puede afectar a prácticamente todos
los mamíferos, en los que provoca un deterioro del estado general de salud, muy
a menudo tos y, a la larga, la muerte.
El nombre de
“tuberculosis” proviene de los nódulos, llamados “tubérculos”, que se forman en
los ganglios linfáticos del animal afectado.
Hasta los años
veinte, cuando empezaron a aplicarse medidas de control en los países desarrollados,
era una de las principales enfermedades de los animales domésticos en todo el
mundo. Hoy en día la tuberculosis bovina sigue siendo una importante enfermedad
del ganado vacuno y la fauna salvaje. También es una importante zoonosis
(enfermedad animal que puede transmitirse al ser humano).
La TB es una de las
enfermedades que figuran en el Código Sanitario para los Animales Terrestres de
la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) como afecciones de notificación
obligatoria a la OIE (conforme al Código Sanitario para los Animales Terrestres
de la OIE).
¿Dónde
existe la enfermedad?
La TB está presente
en el mundo entero.
La prevalencia más
elevada se registra en buena parte del territorio de África y ciertas partes de
Asia y las Américas.
En muchos países
desarrollados se ha reducido o eliminado la TB del ganado vacuno. Sin embargo, en
la fauna salvaje del Canadá, el Reino Unido, los Estados Unidos y Nueva Zelanda
subsisten importantes bolsas de infección.
Aunque se considera
que el verdadero hospedador de M. bovis es el ganado vacuno, también se ha descrito
la enfermedad en muchos otros animales domésticos y no domésticos.
La bacteria ha sido
aislada en búfalos, bisontes, ovejas, cabras, caballos, camellos, cerdos, jabalíes,
ciervos, antílopes, perros, gatos, zorros, visones, tejones, hurones, ratas,
primates, llamas, cudús, elanes, tapires, alces, elefantes, sitatungas, órices,
addaxes, rinocerontes, zarigüeyas, ardillas de tierra, nutrias, focas, liebres,
topos, mapaches, coyotes y varios depredadores felinos como el león, el tigre,
el leopardo o el lince.
¿Cómo
se transmite y propaga la enfermedad?
La enfermedad es
contagiosa y se propaga por contacto con animales domésticos o salvajes infectados.
La vía de infección
habitual es la inhalación de las gotículas infectadas que un animal enfermo ha expulsado
al toser. Las terneras y el ser humano también pueden contagiarse al ingerir leche
cruda procedente de vacas enfermas. Dado que la enfermedad es de evolución
lenta y pueden pasar meses o incluso años hasta que el animal infectado muere,
un solo ejemplar puede transmitir la enfermedad a muchos otros componentes del
rebaño antes de manifestar los primeros signos clínicos. De ahí que las
principales vías de diseminación sean el desplazamiento de animales domésticos
infectados asintomáticos y el contacto con animales salvajes infectados.
¿Qué
riesgos implica para la salud pública?
Aunque Mycobacterium
bovis no es el principal causante de la tuberculosis en el hombre (es
M. tuberculosis), las personas pueden contraer la tuberculosis bovina al
beber leche cruda de vacas enfermas o al inhalar gotículas infectivas. Se
calcula que en ciertos países hasta un 10% de los casos de tuberculosis humana
son debidos a la tuberculosis bovina.
¿Cuáles
son sus signos clínicos?
La TB suele presentar
una evolución dilatada en el tiempo, y los síntomas pueden tardar meses o años en
aparecer. Los signos clínicos habituales son los siguientes:
– debilidad;
– pérdida de apetito;
– pérdida de peso;
– fiebre fluctuante;
– tos seca
intermitente;
– diarrea;
– ganglios linfáticos
grandes y prominentes.
A veces, sin embargo,
la bacteria permanece en estado latente en el organismo hospedador sin
desencadenar la enfermedad.
¿Cómo
se diagnostica la enfermedad?
El método clásico es
la prueba de la tuberculina, que consiste en medir la reacción inmunitaria tras
la inyección intradérmica de una pequeña cantidad de antígeno. El diagnóstico
definitivo requiere el cultivo de bacterias en laboratorio, proceso que exige
por lo menos ocho semanas. En el Manual de Normas para las pruebas de
diagnóstico y las vacunas para animales terrestres de la OIE hay instrucciones
detalladas sobre la elaboración de tuberculina y el cultivo de M. bovis.
¿Cómo
prevenir o controlar esta enfermedad?
El método habitual
para controlar la TB consiste en una prueba individual de detección seguida del
sacrificio de los animales infectados.
También han resultado
muy útiles para contener o eliminar la enfermedad los programas de erradicación
consistentes en: examen post mortem de la carne, medidas intensivas de
vigilancia (comprendida la inspección de explotaciones), realización
sistemática de pruebas individuales en los bovinos y eliminación de los
animales infectados o que hayan estado en contacto con la infección, así como
el control de los desplazamientos de los animales.
En los exámenes
post mortem se buscan tubérculos en los pulmones y ganglios linfáticos
(Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE).
La detección de los
animales infectados impide que su carne penetre en la cadena alimentaria y pone
a los servicios veterinarios tras la pista de su rebaño de origen, que es
sometido a pruebas y, en caso necesario, eliminado.
La pasteurización de
la leche de animales infectados hasta una temperatura suficiente para matar a
las bacterias ha impedido que la enfermedad se propague en poblaciones humanas.
Rara vez se intenta
administrar un tratamiento a los animales infectados, porque resulta muy caro y
prolongado, y porque el gran objetivo último se cifra en erradicar la
enfermedad.
En medicina humana se
practica la vacunación, que sin embargo en los animales no se aplica a gran
escala como medida preventiva: las vacunas animales existentes presentan una
eficacia variable e interfieren con la realización de pruebas destinadas a
erradicar la enfermedad. Actualmente se están ensayando una serie de nuevas vacunas
experimentales.
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