¿Qué
es la lengua azul?
La lengua azul es una
enfermedad vírica no contagiosa que afecta a los rumiantes domésticos y
salvajes (principalmente ovinos, pero también bovinos, caprinos, bufálidos, antílopes,
cérvidos, wapitíes y camélidos), y es transmitida por los insectos, en
particular, por la picadura de ciertas especies de mosquitos del grupo
Culicoides.
El virus causante de
la lengua azul es identificado como miembro de la familia Reoviridae.
Se han identifi cado
veinticuatro (24) serotipos distintos, y la capacidad de cada cepa para
provocar la enfermedad varía considerablemente.
La gravedad de la
enfermedad varía según las diferentes especies, con síntomas más graves en los
ovinos que causan la muerte, pérdida de peso e interrupción del crecimiento de
la lana. En los ovinos altamente susceptibles, la morbilidad puede alcanzar
hasta el 100%. La mortalidad media es de entre 2% y 30% pero puede alcanzar el
70%.
En los bovinos la
tasa de infección es con frecuencia más alta que en los ovinos y la presencia y
gravedad de los signos clínicos varían según la cepa vírica. El virus de la
lengua azul que circula actualmente en Europa Septentrional es interesante
desde el punto de vista epidemiológico, ya que manifiesta signos clínicos en
los bovinos.
En los países donde
la lengua azul es endémica, hay un impacto considerable en la pérdida de
oportunidades comerciales debido a las restricciones y a los costes de la
vigilancia, las pruebas sanitarias y la vacunación.
La lengua azul es una
enfermedad inscrita en la lista del Código Sanitario para los Animales Terrestres
de la OIE y debe ser declarada a la Organización Mundial de Sanidad Animal (conforme
al Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE).
¿Dónde
existe la enfermedad?
La lengua azul tiene
una distribución global importante en regiones donde el insecto vector (esto
es, los mosquitos de la especie Culicoides) está presente, incluida África,
Asia, Australia, Europa, Norteamérica y varias islas de los trópicos y
subtrópicos. El virus se mantiene en áreas donde el clima favorece la
supervivencia de los mosquitos al invierno.
Existen más de 1.000
especies de Culicoides pero menos de 20 son considerados vectores competentes
del virus de lengua azul. Por tanto, la distribución de la enfermedad con
frecuencia está limitada a la distribución geográfica de la especie vectora.
En general, los
ovinos de las áreas donde la enfermedad es endémica tienen una resistencia natural
a la lengua azul. Los focos aparecen cuando se introducen ovinos susceptibles,
en particular, las razas europeas, en las áreas endémicas, o cuando el virus es
introducido en una región en particular por el desplazamiento en el aire de
Culicoides infectados. El episodio de la enfermedad generalmente coincide con un
incremento de la actividad del vector durante los periodos de temperatura alta
y lluvias, y una remisión con la primera helada o condiciones de frío intenso.
¿Cómo
se transmite y propaga la enfermedad?
El insecto vector es
la clave de la transmisión del virus de lengua azul entre los animales. Los vectores
son infectados con el virus al ingerir la sangre de animales infectados. Sin el
vector, la enfermedad no puede transmitirse entre los animales.
La transmisión del
virus puede ocurrir durante el año, en particular durante los periodos de lluvia.
Los bovinos infectados cumplen un papel importante para el mantenimiento del
virus en una región, pueden servir como una fuente de virus por varias semanas
sin mostrar signos línicos o sólo pocos
signos, y a menudo son el hospedador preferido de los insectos vectores.
El virus se ha
encontrado en el semen de toros y carneros, y puede transmitirse a las vacas y
ovejas susceptibles, pero este no es un mecanismo de transmisión significativo.
El virus puede transferirse también al feto mediante la placenta.
El virus de lengua
azul no se transmite por contacto con animales o lana, ni por el consumo de
leche.
¿Qué
riesgos implica para la salud pública?
No existen riesgos
para la salud pública asociados a la lengua azul.
¿Cuáles
son los signos clínicos de la enfermedad?
En los ovinos
infectados, los signos clínicos son variables y pueden incluir:
– fiebre;
– hemorragias y
ulceración del tejido oral y nasal;
– salivación excesiva
y descarga nasal y tumefacción de los labios, lengua y mandíbula;
– inflamación de la
banda coronaria (encima de la pezuña) y cojera;
– debilidad,
depresión, pérdida de peso;
– diarrea profusa,
vómitos, neumonía;
– lengua “azul” como
resultado de la cianosis (raro);
– las ovejas preñadas
pueden abortar;
– puede haber una
“interrupción” del crecimiento de la lana en los ovinos en recuperación con pérdida
parcial o completa de la lana.
La aparición de
signos clínicos en los bovinos dependerá de la cepa vírica; otros rumiantes domésticos
tales como los caprinos generalmente no presentan signos clínicos o unos pocos.
¿Cómo
se diagnostica la enfermedad?
Las sospechas de la
lengua azul pueden basarse en los signos clínicos característicos y en la
prevalencia de los insectos vectores, en particular en las áreas donde la enfermedad
es endémica. Para confirmar el diagnóstico se requieren pruebas de laboratorio (Código
Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE y Manual de Pruebas de
Diagnóstico y Vacunas para los Animales Terrestres de la OIE).
¿Cómo
prevenir o controlar la lengua azul?
Medidas de prevención
y de control en las áreas donde la enfermedad es endémica, se requieren
programas de monitorización con animales testigo y toma de muestras de los
animales en los rebaños testigo para detectar la presencia del virus. En
combinación con los programas de vigilancia activa para identificar la
localización, distribución y prevalencia de los insectos vectores en un área,
pueden establecerse medidas de control de manera oportuna tales como:
– identificación,
vigilancia y rastreo de animales susceptibles y potencialmente infectados;
– cuarentena y/o
restricciones de los desplazamientos durante el periodo de actividad de los
insectos;
– identificación de
zonas específicas;
– vacunación; y
– medidas de control
de los insectos.
La vacunación es la
medida más eficaz y práctica para reducir al mínimo las pérdidas asociadas a la
enfermedad y para interrumpir eventualmente el ciclo del animal infectado al
vector. Es esencial utilizar una vacuna diseñada para brindar protección contra
la o las cepas específicas de virus en cuestión en un área en particular.
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